Lloro.
Sin saber por qué, lloro, y no me arrepiento de hacerlo.
Quizás la vida nos da un legítimo derecho a estar tristes, sin necesidad de motivo o justificación alguna. Y somos nosotros quienes constantemente buscamos esos motivos... como tratando de ponerle nombre a la pena.
Quizás la pena no tiene nombre, solo existe.
Y mi psiquiatra dice que eso es malo, que la pena siempre tiene un motivo.
Quizás mi psiquiatra está peor que yo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario