martes, 4 de septiembre de 2007

El jutre

Pedro había dejado olvidado a su hermano en el campo hace mucho tiempo. Se casó, se fue a Santiago y nunca más supo de él. Un día volvió a verlo y éste no lo reconoció. Pero adoptó como responsabilidad moral ir todos los meses a dejarle una caja de mercaderías para el mes.
Su hermano nunca salía a recibirla pero él se la dejaba en el jardín y se iba, seguro de que había escuchado el auto y saldría a buscarla. Al mes siguiente la caja ya no estaba y así supuso que siempre su hermano comía los alimentos que él le llevaba.
Así pasaron tres años. Siempre el mismo sistema.
Una día de aquellos en que llevaba la mercadería se topó con un jornalero de una parcela cercana, el cál, dirigiéndose a Pedro, le dijo:
- Si Busca a don Emeterio pierde el tiempo, gancho, él murió hace tres años.
- Eso es imposible, pues le he estado trayendo mercaderías mes a mes hace tiempo y siempre él las recoge.
- Mire gancho, yo lo único que sé es que las vecinas tienen cachado a un jutre que deja cajas con comida ahí y se la pelean después que el jutre se va. Don Emeterio está bien muerto y enterrado.

Pedro no podía creer sus palabras. Entró en la casa, la cual estaba sin llave. Olía a putrefacción y a humedad. Le llamó la atención una hoja inmaculadamente blanca sobre la cama. Decía: "Llegaste demasiado tarde a buscarme, pero te agradezco esos jamones serranos tan ricos que me traes"


América Muñoz